Recopilatorio de mitos erróneos acústicos

Durante muchos años se han creado mitos acústicos que nada tienen que ver con la realidad. La ciencia acústica moderna no aparece hasta el año 1900 cuando Wallace C. Sabine explica su fórmula para calcular el tiempo de reverberación. Vemos que tiene un siglo de vida, durante el cual las diferentes teorías se han ido sucediendo aunque todavía hay mucho camino por recorrer.

Los mitos acústicos se forjaban en base a la falta de conocimiento de los principios físicos que rigen la acústica. Por ejemplo la buena acústica del Teatro Cubilliés de Munich, se pensaba que era debida a la pintura dorada de las paredes y sus adornos. No tiene nada que ver el color de las paredes con la acústica, que depende del volumen de la sala y de los materiales de revestimiento.

Mito: Las iglesias siempre tienen muy buena acústica.

Es un mito muy popular que las iglesias tienen una excelente acústica. Los tiempos de reverberación son de 3 y 4 segundos. Un exceso de reverberación produce excesiva energía sonora que no deja escuchar el mensaje correctamente. Sólo nos sirven para escuchar el canto gregoriano o música escrita para órgano, los otros estilos de música sufren de una reverberación excesiva y el sonido se vuelve muy cargado.

Este problema también existe para la voz humana. En las iglesias de bóvedas altas, el orador tenía que marcharse del altar hacia el púlpito central. Este estaba en un lado de la bóveda principal y tenía un tornavoz, una especie de marquesina: Su colocación era para que el sonido de la voz del predicador no se perdiese por las bóvedas, pero habitualmente es muy pequeño para poder enviar ondas reflejadas hacia la audiencia, tan solo hace un poco de sombra acústica.

Para tratar el punto de hoy tenemos que ponernos en un contexto un poco externo al de la acústica, pues desde hace años las iglesias han tenido una connotación de divinidad, culto y poder. La acústica como ciencia es relativamente joven, pues hasta los estudios de Sabine en la primera mitad del siglo XX no fue estudiada en profundidad. De hecho, cualquier fenómeno acústico estaba más ligado a la magia o a milagros que no a una realidad física. Así, todo lo relacionado con las iglesias, ¡no podía ser malo! Al contrario: todo era bueno, divino ¡¿Cómo iba a sonar mal una iglesia?!

Las iglesias como elemento arquitectónico han sido un alarde de poder y objeto de culto, por lo que cuanto más grande y más vistosa fuera la construcción, más cerca de Dios estaba, más renombre podía llegar a tener el municipio, y más riqueza significaba para la ciudad, ya que entre otras cosas, incrementaba la peregrinación, los impuestos y las subvenciones. Bien conocidos son los retos arquitectónicos que dichas construcciones significaban para la época,  a medida que avanzaban las técnicas constructivas se podían construir templos más grandes con menor cantidad de materiales y sin perder resistencia estructural. Pues bien, a medida que empezaban a crecer en tamaño, también crecían los problemas acústicos.

Después de esta pequeña introducción, definiremos algunos conceptos iniciales para no perder el hilo:

Inteligibilidad de la palabra: indica cuánto porcentaje de mensaje oral emitido se entiende por el receptor. Hay varios métodos para medirlo, pero todos ellos intentan hacer lo mismo: saber con qué grado de claridad se entiende a una persona al hablar en una sala.

Reverberación: La reverberación es el fenómeno acústico que aparece al sumarse, al sonido directo de una fuente de sonido, las reflexiones del mismo sonido provenientes de las paredes, techo y suelo. Dependiendo de lo lejos que esté la superficie reflectante, el sonido tendrá un retardo en el tiempo que al sumarse con el sonido directo puede reforzar la inteligibilidad del mensaje o la puede empeorar.

Absorción: Capacidad de los materiales para absorber el Sonido, es decir, si un material es muy absorbente, el sonido reflejado es poco.

Una vez explicados estos conceptos básicos, continuamos.

Las iglesias han sido construidas básicamente de piedra tallada con techos de madera, y casi todas contienen una sala principal de volumen considerable donde iban los feligreses (el público) y un ábside semicircular donde se ponía el altar (el emisor). La principal terminación de estos recintos es la piedra, que es un gran reflector acústico. Por otro lado tenemos los ornamentos, murales y otros elementos cuyo comportamiento acústico se parece más a un difusor.

Tal y como hemos visto, al existir una ínfima absorción del sonido por parte de la piedra, las reflexiones serán múltiples y además tendrán un nivel de presión sonora poco atenuado respecto al sonido directo. De este modo, al oyente le llega el sonido directo del orador más las múltiples reflexiones con su correspondiente retraso desde todas las superficies de la sala. Hay ocasiones en las que el retraso temporal de las reflexiones es inferior a 50 milisegundos y en consecuencia pueden contribuir a la inteligibilidad del mensaje, pero si la distancia de las reflexiones crea un retardo temporal superior a los 50 milisegundos respecto del sonido directo, y éstas reflexiones serán contraproducentes para la inteligibilidad del sonido.

Al aumentar el volumen de las Iglesias con la construcción de Catedrales también aumentó el retraso de las reflexiones llegando a tener un enorme campo reverberante que contribuía a una pérdida importante de la  inteligibilidad de la palabra. No había quien entendiera de la misa la mitad, nunca mejor dicho. Habia que hacer algo.

El Origen del canto gregoriano

El problema era grave, pues los feligreses no entendían el mensaje. Tenían que buscar un sistema para aumentar la inteligibilidad de la palabra, un método para que el retraso de las reflexiones no entorpeciera el mensaje. Y así nació el canto gregoriano. Un canto con las sílabas de las palabras muy espaciadas en el tiempo de forma que se entendieran en ese espacio tan reberverante. Además, el canto gregoriano tiene otra particularidad a este respecto y es que la relación tonal de la escala musical que usa la componen exclusivamente 6 notas que independientemente del orden en el que se sucedan siempre suenan armónicas.

Por este fenómeno acústico las misas pasaron a ser parcialmente cantadas, complementando la liturgia con cantos. El coro, se situaba en el el presbiterio o en la nave central, de manera que las paredes cercanas ayudasen a direcionar en la medida de lo posible el sonido directo al público.

El origen del púlpito

Para el mensaje oral, se solía colocar el orador en el púlpito, una especie de balcón situado cerca de los feligreses para que hubiese proximidad con los oyentes para así tener la mayor cantidad de energía acústica directa.Además la mayoría iban provistos de un tornavoz, un techo adornado inclinado a modo de reflectante para dirigir el sonido y así aumentar de nuevo el sonido directo evitando al mismo tiempo que se dirigiese alas superficies más alejadas como el techo.

Son pocas las iglesias y catedrales que tienen “buena” acústica, todas han tenido y siguen teniendo problemas de inteligibilidad. La elevada reverberación produce una falta de inteligibilidad en  los sermones, que tuvieron que adaptarse combinándolos con los cantos especiales como el gregoriano. Otras aproximaciones incluían un púlpito para reducir la distancia a los feligreses  y aumentar así el campo sonoro directo, que tiene relación directa con la inteligibilidad de la palabra.

Probablemente nosotros al no estar ya tan acostumbrados a estar en salas reverberantes de tal calibre, cuando entramos en una iglesia o catedral nos crea una sensación de inmensidad, ya que el cerebro humano interpreta los retardos acústicos como una sensación de espacialidad. Pero repetimos, esto no es sinónimo de “buena acústica”, sino más bien al contrario, en lo que a la transmisión del mensaje oral se refiere.

Hoy en día se suele colocar un refuerzo electroacústico con un conjunto de altavoces verticales muy directivos a modo de púlpito, de forma que el público pueda entender el sermón gracias a la cercanía de la fuente y a su gran directividad.

Algunos datos obtenidos del libro Acústica arquitectónica de Manuel Recuero y Constantino Gil.

Fdo: Jesús Suárez Mier.

Ingeniero de Caminos.

Director Gerente de Ingeniería Acústica ARKOBEL©

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